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Historia de la construcción del Malecón de la Habana


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Biografía de los trabajos de edificación del famoso muro a lo largo de toda la costa norte de la ciudad, desde la bahía hasta el Rio Almendares. Obras y ampliaciones efectuadas desde el año 1901 hasta el 1958.
Historia de la construcción del Malecón de la Habana



El Malecón desde la Punta hasta la calle 23 (1901 - 1921)


El Malecón comenzó a construirse el 6 de mayo de 1901, en tiempos de la intervención militar norteamericana.
Al cesar esta e instaurarse la República, el 20 de mayo de 1902, la obra llegaba a la esquina con la calle Crespo. Esto es, había recorrido un tramo de 500 metros.
A causa de la irregularidad de los arrecifes, los cimientos del muro presentaron muchas dificultades en ese primer tramo, precisa Juan de las Cuevas, historiador de la Construcción.
El proyecto norteamericano contemplaba la presencia de árboles y farolas en el muro, pero la idea fue desechada al llegar la temporada invernal y entrar los primeros «nortes».
La obra continuó su curso. En 1909 llegaba a Belascoaín, donde abrió sus puertas el café Vista Alegre.
Siete años después se extendía hasta el torreón de San Lázaro, para lo que se impuso rellenar la caleta del mismo nombre —frente al actual hospital Ameijeiras— que tenía 93 metros de ancho en la boca y 5,5 metros de profundidad.
El huracán del 9 de septiembre de 1919 —el llamado ciclón del Balvanera— afectó grandemente ese tramo; le arrancó trozos inmensos de hormigón y los adentró en la ciudad.
A partir de 1921 la obra avanzó hasta la Avenida 23, pero habría que esperar un par de años para que se reconstruyera el tramo frente a la caleta.
La obra, al pasar frente al promontorio de la batería de Santa Clara —Hotel Nacional— hasta la calle O, exigía separar el muro unos 30 metros del litoral y rellenar un área de más de 100 000 metros cuadrados, con vistas a la construcción del monumento al acorazado Maine.



El Malecón desde la Punta hacia el sur (1926 – 1929)


Los estudios para prolongar el Malecón hasta la desembocadura del río Almendares datan de 1914.
Extenderlo hacia el sur, desde el castillo de La Punta hasta la Capitanía del Puerto, fue una idea que surgió en 1921.
Esta avenida se uniría con el tramo del Malecón ya construido y daría un fácil acceso al puerto desde el Vedado.
Paisaje del Malecón de la Habana, al final se ve el Castillo de la Punta y el Morro
El proyecto comprendía ganarle 111 000 metros cuadrados al mar, de los cuales gran parte se destinarían a parques y soluciones viales.
Las obras del muro, sin el relleno, las obtuvo en subasta la firma de contratistas de Arellano y Mendoza a un costo de 2 101 000 pesos y se calcula que el relleno costó otro millón de pesos adicionales.
Para realizar la obra se colocaron a lo largo de la línea donde se construiría el muro dos hileras de tablestacas de hormigón armado; también se hincaron pilotes en profusión cada 2,50 metros. Sobre las tablestacas y los pilotes se corrieron arquitrabes de hormigón armado.
El muro se realizó a base de unos grandes bloques huecos de hormigón armado, prefabricados en una planta que hicieron al efecto los contratistas en la Ensenada de Guanabacoa.
Estos bloques, aunque de dimensiones variables, tenían como promedio cinco por cuatro metros de área y dos metros de altura y descansaban sobre un fondo preparado con una base de hormigón y después se rellenaban también con hormigón, dejando fuera las cabillas que se empataban con todo el muro fundido a lo largo de la línea de los bloques.
Precisa Juan de las Cuevas que en este tramo se gastaron 17 000 toneladas de cemento Portland, 22 000 metros cúbicos de arena, 45 000 metros cúbicos de piedra picada, 35 000 metros cúbicos de rajón, 4 200 toneladas de barras de acero, 295 toneladas de vigas de acero y un millón de pies de madera.
La obra se comenzó en marzo de 1926 y se terminó en 1929.
Para hacerla posible hubo, en un comienzo, que demoler la glorieta de Prado y Malecón, frente a La Punta, donde la Banda Municipal de Conciertos amenizaba las retretas. Obstaculizaba el tráfico hacia el puerto.
Esa glorieta, decía el arquitecto Bay Sevilla, fue la primera obra de hormigón armado, esto es con cabillas, que se realizó en Cuba.



El Malecón desde la calle 23 hasta el Rio Almendares (1929 – 1959)


El general Gerardo Machado y Carlos Miguel de Céspedes, su inquieto ministro de Obras Públicas, extendieron el Malecón hasta la calle G.
El Malecón habanero un sitio de recreación y esparcimiento de los cubanos
Precisamente en G y Malecón quería Céspedes, en un acto de guataquería insuperable, erigir un monumento a Machado, pero el dictador fue derrocado antes y él, su ministro y otros funcionarios de su régimen tuvieron que salir de Cuba.
Otro dictador, el general Fulgencio Batista, alrededor de 1955 adelantó el Malecón hasta la calle Paseo, pero allí se interpuso el Palacio de Convenciones y Deportes, situado donde hoy se encuentra la Fuente de la Juventud, frente al hotel Havana Riviera. Desde 1950 se hablaba de prolongar el Malecón hasta el nivel de la calle 12, en el Vedado, para, a través de un puente colgante gigante, enlazar con la Avenida Primera de Miramar, cerca de donde después se edificó el hotel Rosita de Hornedo, hoy hotel Sierra Maestra.
En esa época, al oeste del Palacio de Convenciones y Deportes no se había trazado el Malecón ni existían en el área viviendas u otras edificaciones.
Pero la construcción del túnel de Calzada, bajo el río Almendares, en 1958, determinó que el Malecón enlazara con esa vía subterránea que terminaría uniéndolo, ya en 1959, con la Quinta Avenida.

El artículo original de Ciro Bianchi "De mi cartera", fue publicado el 6 de Agosto del 2016 en el periódico Juventud Rebelde.

El Malecón actualmente


El Malecón es una ancha avenida que corre a todo lo largo de la costa norte de la ciudad de la Habana, desde el Castillo de la Punta en la entrada de la bahía, hasta la desembocadura del rio Almendares, por alrededor de 7 km.
Está separada del mar por una ancha acera y un muro 1 metro de altura que es el verdadero Malecón.
El Malecón es un símbolo de la ciudad.
Es el lugar preferido de los habaneros para correr, caminar, sentarse en las noches calurosas, pescar, admirar el paisaje o simplemente pasar el tiempo. Algunos muchachos se arriesgan a bañarse en el acantilado, aunque es peligroso.
Es un lugar de citas de parejas de enamorados, de amigos para charlar y de los que buscan una relación.
A lo largo del muro se pueden ver vendedores, músicos improvisados y todo tipo de personajes.
En invierno cuando entran los frentes fríos, es invadido por las olas y queda desierto.
El autor.

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